Nada sé de Eliacim. Aunque nos llevamos para el traste, le extraño, a fin de cuentas es mi hijo. No sabemos nada de él. Le he llamado por teléfono y no contesta, atiende el contestador o da siempre ocupado. Creo que lo veo por todos lados, María me dice que no es él, que las fotos que encuentro aquí o allá en la red no es la foto de Eliacim, que sus ojos..., que su nariz..., y yo siento que está lejos, lejos físicamente, a cientos de kilómetros de distancia. Intento pensar que María tiene razón y que yo, en medio de la incertidumbre, lo veo en cualquier rostro joven.
En cuanto a Elena, pues esta semana se define si pasa de año o si repite. Las amigas han armado una tramolla tremenda culpándola a ella de una mentira que jamás dijo. Yo le creo a mi mi hija y si sigue el hostigamiento iré a hablar con las madres de las chicas.
Le he dicho que no se preocupe, que no haga caso, que no vale la pena dedicar un segundo de su pensamiento a ellas que no sea el de tenerles compasión, porque está claro que las falencias de esas niñas son tremendas

